Agosto 25, 2007

La brevísima

Fray Bartolomé de las Casas. La Brevísima historia de la destrucción de las Indias. André Saint-Lu, Ed. 2005.

La brevísima es el libro más difundido de Bartolomé de las Casas y también el más discutido. Este libro se ha leído como testimonio de las barbaries cometidas por los conquistadores y también como un alegato fiscal, fantástico, mal intencionado y difamatorio de España y de su gran empresa colonizadora pp. 11. Esta incisiva denuncia sistemática de los agravios perpetrados durante medio siglo de conquistas y de explotación colonial, es sumamente representativa del genio y estilo del defensor de los indios. Pp. 12 La obra se debe considerar como parte de un todo, como pieza no disoluble de un sistema más amplio y más complejo. Al considerarla como tal, se observa en primer lugar que no es la Brevísima Relación el único texto de contenido acusador, ya que asoma con igual vehemencia en , en la mayoría de los escritos lascasianos desde los primeros memoriales hasta el mismo testamento. Pp.12 La faceta denunciadora de la obra no es mas que una vertiente de un conjunto mucho mas diversificado, donde coexisten y se afianzan con calculada coherencia gran variedad de temas y géneros, tratase de proyectos de deformación de las Indias –los llamados remedios-, de informes, peticiones y representaciones particulares, de extensos trabajos históricos o antropológicos, o de trabajos doctrinales de carácter político, jurídico, misional o teológico. Pp.12 A pesar de que la publicación de la Brevísima corresponde a uno de los momentos decisivos en la carrera de las Casas, y de tener una forma privilegiada de su acción, esta no debe disociarse de los otros momentos ya que la obra esta situada en el medio de la trayectoria, de la continuidad del largo combate lascasiano. Seguir leyendo →

Agosto 25, 2007

Apuntes sobre: “Alejandra Pizarnik and the Inhospitality of Language: The Poet as Hostage”

Laura García-Moreno. Alejandra Pizarnik and the Inhospitality of Language: The Poet as Hostage.

Pizarnik a veces ve el quehacer poético como asilo, como un refugio pero otras veces lo ve como un lugar donde el poeta es mantenido prisionero, como rehén pp. 67

Varios factores –personales, biológicos, políticos sociales, literarios- seguramente convergen para producir una poesía obsesionada con el silencio, la fragmentación, y la ausencia, ambos como experiencia y como representación pp. 68

Sus textos están constantemente insinuando, aludiendo a otra cosa de la que dicen, lo que provoca o se presta para múltiples lecturas. Por ejemplo, se podría argüir que Pizarnik estaba emocionalmente perturbada. Se pude argüir que su posición conflictiva frente a la literatura tenía que ver con la cultura y el género. La mayoría de los estudios sobre Pizarnik se han concentrado en su búsqueda del lenguaje. Esto se entiende debido a que su trabajo está constantemente marcado por una angustiosa conciencia de que lo que las palabras no son absolutas, y por lo tanto no pueden expresar todo el significado de lo que nombran pp. 68 Seguir leyendo →

Agosto 25, 2007

Apuntes sobre “Más allá del surrealismo: la poesía de Alejandra Pizarnik”

Lasarte, Francisco. “Mas allá del surrealismo: la poesía de Alejandra Pizarnik”

Pizarnik no logra convencerse de que sus palabras puedan otorgar validez a la empresa poética. Esta duda la acompaña desde sus primeros poemas y, con creciente influjo, va apoderándose de ella hasta imponerse como el tema central de su poesía pp. 867

La búsqueda de la perfección del lenguaje preocupa a Pizarnik a trabes de toda su obra. Sabe que el dominio y entendimiento del lenguaje es inalcanzable “no comprendo el lenguaje y es lo único que tengo. Lo tengo si pero no lo soy” pp. 872

El amor como tema cede el paso a la creación poética en la obra de Pizarnik. En sus últimos poemas a penas se menciona el ser amado y su vacío se llena con la creación literaria pp. 872

Pero quien me dará la respuesta jamás usada
alguna palabra que me ampare del viento,
alguna verdad pequeña en que sentarme
y desde la cual vivirme
alguna frase solamente mía
que yo abrace cada noche,
en la que me reconozca,
en la que me exista (“Origen”).

A pesar de sus dudas, la escritora no pierde la esperanza de un rescate a través del discurso poético. El lenguaje aún promete vida y amor. Y promete un lugar protegido del viento y de sus estragos. ¿Qué motiva la búsqueda de un refugio? El miedo, como anuncia Pizarnik en un poema tardío: “voy a ocultarme en el lenguaje/ y por que/ tengo miedo” pp. 874.

El deseo de ocultarse del lenguaje se manifiesta en su poesía a través de las muchas imágenes que hacen de la palabra (y del poema) un recinto o cláustro literal. Lo que protege puede ser una “pared”, un ‘jardín”, una “casa”, una “choza” o un “palacio”, según el grado de seguridad o inseguridad que Pizarnik delate en su relación con el lenguaje. Escribir, pues sería re-construir una precaria realidad poética, precaria porque el lenguaje es incapaz de ofrecer la protección que la poeta busca.

No es esto, tal vez lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea trampa, un escenario más.

Lejos de ser el lugar de la “resurrección”, el recinto poético es una mera tramoya, “un escenario mas” pp. 874. Batallando sin cesar con un “lenguaje roto” y con el proceso de “poco a poco reconstruir el diagrama de la irrealidad”, en sus últimos poemas Alejandra Pizarnik se va rindiendo gradualmente al lenguaje, más poderoso que ella. Y si esto significa dejar que el poema “se escriba como quiera” y reconocer la profunda influencia de un “surrealismo innato”, que también significa sentirse más escindida y más enajenada que nunca del quehacer poético. A manera que afloran en el poema “elementos de las sombras interiores”, un discurso ajeno va imponiendo su voz, de modo que la poeta piensa que no es ella quien controla la palabra:

Hablo como en mi se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana, son la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque (875).

La “otra” habitante del bosque y antagonista de la niña inocente refugiada en su choza, es a la vez imagen de un lenguaje poético autónomo. … La enajenación del quehacer poético se manifiesta aquí de modo tajante. Ha perdido su autenticidad la voz de la poeta, puesto que las “damas solitarias” se han apoderado del discurso, ahora distante y escuchado como algo aparte.

En sus últimos poemas Pizarnik reconoce la independencia del lenguaje. Dice por ejemplo, en un largo texto:

Escucho mis voces, los coros de los muertos. Atrapada entre las rocas, empotrada en la hendidura de una aroca. No soy yo la hablante: es el viento que me hace aletear para que yo crea que estos cánticos del azar que se formulan por obra del movimiento son palabras venidas a mí. (Piedras de locuras).

Una vez más la poeta disocia la empresa poética. Aquí, sin embargo, lo hace más decisivamente, ya que la responsabilidad de la escritura no recae en “otra” -la que sería al fin y al cabo reflejo de la poeta misma-, sino en un agente impersonal: el viento. La “casa del lenguaje”, siempre indeleble recinto, ha sido arrasada. Su lugar lo ocupa una pétrea prisión, donde la poeta, paralizada e indefensa, no es más que el instrumento a través del cual expresan su arbitrario decir “las fuerzas del lenguaje” pp. 875

El viento, imagen de destrucción y desamparo, es el verdadero (y único) hablante, y escuchar su voz significa estar cerca de la muerte. Muerte poética, entonces, en vez de una “resurrección” mediante la palabra. Y en vez del “éxtasis”, del “lenguaje sin limites”, de la “aventura total”, una experiencia mínima y despersonalizadaza. En Árbol de Diana, libro publicado unos años antes, ya había Pizarnik anticipado su último desengaño al escribir:

Días en que una palabra lejana de apodera de mi. Voy por esos días sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta, se cuenta casos y cosas: nido de hilos donde me danzo y me lloro en mis numerosos funerales (AD)

Rendirse al lenguaje –abandonarse al fluir de la poesía- sería caer presa de una trampa, en un a suerte de telaraña hecha de palabras donde la poeta, reducida a una “hermosa autómata”, moriría no una, sino muchas muertes textuales pp. 875-76

¿Es la figura de la “hermosa autómata” una oblicua alusión al supuesto automatismo de la poesía surrealista? Es difícil precisarlo. Lo seguro es que el surrealismo y el concepto del discurso poético crean en ella un conflicto. El deseo de escribir “poemas terriblemente exactos” y la atracción de dejar que el poema “se escriba como quiera escribirse” coexisten en fundamental oposición por toda la poesía de Pizarnik pp. 876

el centro
de un poema
es otro poema
el centro del centro
es la ausencia
mi sombra es el centro
del centro del poema (DP)

Con esto Pizarnik acepta la imposibilidad de fundir ser y palabra. En vez de “exactitud” tenemos aquí ambigüedad, un poema “terriblemente inexacto” que anuncia el triunfo de “las fuerzas del lenguaje’. La irrealidad no tiene ni centro ni origen. Si el centro del poema es otro poema, entonces la poesía genera una serie infinita de textos que jamás conducirá a una realidad… Además esta ‘aproximación’ es un poema en constante movimiento, un texto que se escribe a sí mismo. .. Así, entonces deja Pizarnik que el poema “se escriba como quiera escribirse”, formando verdaderos “cánticos al azar” pp. 876-7

Agosto 25, 2007

Breves impresiones sobre “Los trabajos de la noche”

Alejandra Pirzarnki. Los trabajos y las noches. Obras completas pp. 89-14.Ed. Cristina Pina. Colombia, Corregidor, 1990.

  • En los dos primeros poemas de la colección habla la poeta de su soledad y del lugar de la escritura en su vida pp. 91
  • Sólo la palabra hace de ella “una viajera fascinada/ un fuego incesante” el resto es desolación tristeza y soledad pp. 93
  • A través de la literatura ella puede hacer de su vida “cuentos para niños/ en donde los naufragios y muertes/ son pretextos de ceremonias adorables” pp. 94
  • En “Presencia” expresa la libertad que le da la palabra “hacen de mi un barco sobre un río de piedras”/ “si no es tu voz/ lluvia sola en mi silencio de fiebres/ tu me desatas los ojos/ y por favor / que me hables/ siempre” pp. 94
  • En “Encuentros” nos habla la escritora de la soledad y el dolor de un abandono. Su dolor le hace compañía a la soledad. Pp. 95
  • “Duración” nos habla de abandono de soledades, de recuerdos dolorosos. De un alguien que no esta físicamente pero que se siente porque es parte de ella y de su espacio pp. 95
  • “Tu voz” nos habla de un sujeto masculino –dolor, tal vez- que esta presente en su escritura. Presa de su recuerdo –una dulce voz- pero en constante fuga. Nos habla de un ausente… pp. 96
  • “El olvido” un amor que solo es posible en las noches y que al otro día desaparece de la memoria del amado “las dulces sustancias/ que mueren cada día en tu memoria” pp. 96
  • “Los trabajos y las noches” composición que le da nombre a la colección. Este poema encierra los temas que deambulan por todos los poemas de la colección: la sed –tal vez sea la búsqueda, la necesidad de un algo-, el huir del amor –denota una gran desilusión-. Se nos muestra como otra, una que es diferente a como era antes: ‘he sido toda ofrenda’/ “un puro errar/ de loba en el bosque/ en la noche de los cuerpos”/ ‘para decir la palabra inocente’ pp. 99
  • “Sentido de su ausencia’ su sombra va unida a su nombre, a su memoria, su rostro arde en sus escritos y despide agradable fragancia, “amado rostro desaparecido”. Aunque no esta muy presente en ella, su mente, sus poemas. Pp. 99
  • “Anillos de cenizas” la escritora canta para tratar de silenciar a “otros”… “para que no canten ellos, / los funestos, los dueños del silencio.” Este poema denota un gran dolor. Hay un juego con la noche y el día. El día es triste con pájaros desolados por la lluvia y la noche “palabras mutilada/ buscan asilo en mi garganta”. Describe una situación de dolor sin escapatoria pp. 101
  • “Madrugada” los estragos de la lluvia y el viento –penas y pesares- la han apagado “como a un fuego, como a un poema/ escrito en un muro” pp. 102
  • “Fiestas” nos habla de la espera de alguien que no acaba de llegar. Nos habla de incomprensión y soledad. La búsqueda de alguien que la complemente pp. 106
  • “Los ojos abiertos” nos habla de una larga noche de insomnio, de angustia y soledad pp. 107
  • “Cuarto Solo” aquí nos cuenta de soledad, ausencia y encierro pp. 107

  • “La verdad de esta vieja pared” sobre la soledad y el encierro, se siente prisionera pp. 108
  • “Historia antigua” Los fantasmas la acosan en la noche. Esos fantasmas son sus experiencias vividas que la atormentan en las noches pp. 108
  • “Invocaciones” aquí vemos que la escritora juega con la imagen del espejo: lo que se cree ser y lo que es. Es decir lo que somos y como nos vemos -en el espejo pp. 109
  • “Desmemoriada” nos dice las razones por las que recuerda o por la que no olvida. La voz, las palabras naufragas que es ella misma caen en un jardín de piedras. Es decir no dan frutos porque están secas como ella. Estas mismas palabras son las que le recuerdan por que no olvida. Es decir todo cuando la ha llevado al lugar de soledad y tristeza en el que se encuentra pp. 109
  • “Sombra de los días a venir” nos plasma su visión de pesimismo hacia el futuro. Solo la muerte es, destino seguro e inevitable pp. 112
  • “Moradas” aquí nos habla de búsqueda, de soledad, de lo inalcanzable pp. 113
  • “Mendiga voz” una búsqueda que lleva a nada. Deseo de obtener lo inalcanzable para ella, porque para ella es simplemente imposible. Lucha contra una fuerza que la aplasta, y la deja completamente desolada y vacía pp. 114

Agosto 24, 2007

Castellano luego español por Dámaso Alonso

Advertencia: Éste es un resumen prácticamente textual del libro

La unificación española coincidió con el despertar renacentista de las conciencias nacionales en Europa. En España hubo muchos que empezaron a llamar el Castellano español como muestra de una nación unificada. Aunque ya la palabra se había utilizado en la Edad Media ahora adquiría otros matices históricos y culturales. Sin embargo, se siguió utilizando castellano porque según Alonso, ¨un arcaísmo no necesita más que la justificación que su propia continuidad y, sin duda, a esta fuerza de inercia debemos más que a nada la conservación secular de castellano –conviviendo con español- aun en las regiones españolas de la antigua Castilla. (14-15).

El neologismo español, en el siglo XVI correspondía a un nuevo contenido plasmado con los efectos y con los intereses vitales de los hablantes. Este sentido era, por un lado ¨ultra castellano¨ por hablarse también fuera de Castilla, y por otro ¨supra castellano¨, como de rango superior, aunque el seguir usando el nombre viejo no era, de modo alguno impugnar el nuevo sentido. Sin embrago, el idioma se sintió más vivamente aludido con el nuevo nombre de español. (17).

Nueva conciencia de nacionalidad
El nuevo sentido está engranado con la visión de la magna entidad nacional. Era pues el español el idioma de la nación porque castellano le quedaba pequeño.
Nebrija justificó la necesidad de una gramática en castellano en la víspera de los viajes de Colón, ¨… Vuestra Alteza metiese debajo de su yugo muchos pueblos barbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos tendrían necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces por esta mi Arte podrían venir en el conocimiento de ella, como agora nosotros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín¨ (18). De este modo, quedaba establecida la analogía del español y el latín como lenguas imperialistas. La identificación de las cualidades del español con las del latín era fuerte argumento con que los españoles proclamaban la superioridad cualitativa de su lengua sobre las demás neolatinas, ya que era una especie de dogma renacentistas –que resuena todavía en Schopenhauer’ el ver en el latín la suma y perfección a que puede llegar una lengua humana, y, por lo tanto, valía el criterio –también en Schopenhauer, que lo utiliza a favor del alemán!- de que una lengua era tanto mejor cuando más se asemejaba a las condiciones gramaticales del latín. (18)

La exaltación de la lengua nacional frente a la de otras naciones estaba reclamando para ella un nombre alusivo. Carlos V pronuncia un discurso en Roma ante el Papa en su propia lengua, de lo que un obispo se quejó por no entender, y Carlos V le contestó: ¨Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mi otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana¨ (20).

Los españoles en el extranjero
Los españoles que se encontraban en el extranjero en el siglo XVI siguen hablando de la superioridad del idioma nacional, y lo identifican como español. Español es hermano del neologismo patria que aparece también en el siglo XVI en España, y en el resto de Europa con un sentido supraregional de la tierra natal (30).

La nueva forma interior del lenguaje
Lo nuevo era la forma interior, la perspectiva con que ahora se veía el objeto, el punto y modo con que el interés de las gentes por su lengua se enganchaba en sus intereses por otras cosas de la vida, el principio ordenador categorizado por el cual una significación recibe su pleno sentido, su alcance y sus límites de la referencia que hace a oras significaciones (31). El nombre castellano había obedecido a una visión de paredes peninsulares, de adentro; el de español miraba al mundo. El castellano había sido el nombre para distinguir el habla de los castellano de la de otros mientras durante el proceso de constitución nacional, hasta que España logró articular sus regiones en una nación unida; español empezó a extenderse en seguida de alcanzada la unidad nacional (31).

Los extranjeros ante nuestro idioma
El español se hace internacional como lengua del Imperio: el instrumento de comunicación del Imperio, de su administración, de sus conquistadores y navegantes, el habla que España trasplanta al Nuevo Mundo –la de cristianizarlo y europeizarlo- y que extiende por África, por el extremo Oriente, y en fin, la lengua de su gran literatura.

Así vemos que la historia de los nombres de nuestra lengua en el siglo XVI, con el progresivo predominio de español, está engranada con la índole de la cultura europea de la época, en cuya fisonomía el sentimiento nacionalista, alerta para los antagonismos, es uno de los rasgos nuevos más decisivos. El sentimiento de nación y la visión de las lenguas como instrumentos nacionales se manifiestan aquí en actuación, como generales a la Europa del siglo XVI y no como privativos de la España recién engendrada (41).

Celos regionales
Los españoles de diferentes regiones al decir castellano indudablemente pensaban en ¨algo de Castilla¨ por tanto no suyo; esto denotaba un celo regional, eso explica que se empezaran a hablar de español para referirse a su idioma y no castellano porque les aludía a Castilla. Sin embargo, éste no es el caso entre los hispanohablantes de la península como de Hispanoamérica, para quienes castellano y español constituyen sinónimos para identificar su lengua sin necesidad de reparar en ¨lo castellano¨ (48-9)

Perduración de castellano
Castellano, pues significa en Valdés, de entre todas las variedades españolas del idioma, aquella más prestigiosa, más propia, más conforme a la tradición, y adoptada en el uso de la corte. Una perspectiva que veremos triunfar dos siglos después con la Academia (51-2). (Hoja perdida en la edición que usé).

La lengua poética y la lengua oral
Herrera defiende el lenguaje poético aunque los poeta no sean cortesanos (64-65).
La lengua literaria está siempre en formación y renovación, hechura de todos los escritores de gusto, no mana de un lugar determinado sino de donde quiera que aliene y escriba un poeta de poder expresivo es lengua española y no castellana, y como lengua española del arte se ofrece por modelo de la lengua hablada de toda España. (68). Herrera se manifiesta firme en su concepción nacional del idioma… Herrera tiene toda su fe puesta en la lengua de los poetas y se aparta del habla del vulgo negándole toda autoridad (68).

Ambrosio de Morales, Herrera y Fray Luis de León
Aunque Herrera rechaza con energía lo vulgar y niega al vulgo el derecho de entrometer sus formas de decir en la buena lengua, esta actitud aristocrática no tiene carácter social, pues ya le hemos visto rechazar el dictado de la Corte…. Su aristocratismo lo es del espíritu, y más ceñidamente del arte. Herrera envuelve toda creación aceptable del idioma en condiciones estéticas: las voces extrañas y nuevas han de ser limpias, propias, significantes, convenientes, magnificas, rítmicas y de buen sonido (69).

Por aquellos años Fray Luis defendió y profesó el ideal artístico de la lengua y separó cuidadosamente el hablar del vulgo del que se ajusta al arte (69). Fray Luis y Herrera son en estas ideas deudores de uno de los más finos y clarividentes espíritus que en el siglo XVI tomaron la defensa de nuestra lengua: el sevillano Ambrosio de Morales (70). Es admirable cómo Ambrosio de Morales distingue con soltura y tino lo que el lenguaje tiene de comunicación del pensamiento racional, lo que tiene de eficacia para mover la voluntad del oyente y lo que tiene de deleite estético (70). Los libros de Ambrosio de Morales recogen su argumento de los retóricos latinos. Toda la armazón argumental del Discurso puede recomponerse con las ideas de Cicerón y Quintiliano, especialmente. Pero es porque Morales quiere presentar su tesis armada de toda la fuerza que le da la autoridad de los latinos, pues el pleito era entre castellanista y latinistas, entre los que defendían la lengua vulgar como adecuada para la exposición de los temas más altos y los que proclamaban el privilegio de la lengua latina para el trato de las cosas graves (73).

Lo nacional y lo regional
Herrera rechaza de Castilla que no haya recibido de la literatura el decoro necesario para ser general, lo que defiende de Andalucía no es lo exclusivo y terruñero, sino las creaciones y el uso de sus mejores poetas (76). Castilla y toda España, se honra con los buenos escritores de cualquier provincia. Herrera no opone un andaluz a un castellano; ambas regiones, y todas las demás de España hablan una lengua común, la española. En esta lengua nacional, el uso global, ni siquiera el coloquial de una región, no es la vara de medir; la instancia está en la literatura nacional donde las creaciones de los más capaces son o no consagradas por el gusto artístico general de los mejores (77).

Las ideas lingüísticas de Herrera

  • La lengua no es un arsenal listo que se hereda y se maneja; es una perpetua formación
  • Los actos de creación no implican menoscabo del tesoro lingüístico heredado. Crear lingüísticamente es crear continuando; la creación arbitraria, de espalda al sistema y a la comunidad es pura destrucción; la creación dentro del sistema es continuidad, es decir, tradición, historia
  • Los poetas hacen las creaciones, la masa las adopta: los poetas traen los modos extraños nuevos a la lengua.
  • En las sociedades de madurez cultural, la lengua literaria es el dechado de la oral y la eleva de nivel al atraerla hacia sí. El ideal artístico es el supremo en la lengua (77-78)

Herrera llama la lengua, española, dejando castellano para designar aquellos usos apegados al terruño de Castilla, sin suficiente dignidad literaria y sin alcance general. La lengua literaria, en cambio –y oral culta en cuanto se le acerca- está libre de toda sujeción geográfica (79)

Siglo XVII: Sevilla y Salamanca contra el ideal cortesano
Al igual que los anteriores Juan de Robles discierne también entre la lengua artística y la de los quehaceres diarios, pero al no ser poeta le reparte a cada cual sus fueros: ¨En el inventar vocablos se ha de mirar si se inventan por necesidad o por aumento y lustre de nuestra lengua, porque se ha de tener diferente consideraciones diferentes consideraciones en lo primero que en lo segundo.¨ Asoma en Robles la noción de la lengua herreriana como una que está siempre en constante evolución y nunca hecha (80-1).

Aunque Robles no tiene sus ideas tan nítidas como Herrera, si plantea y resuelve el conflicto entre castellano y español con la misma perspectiva y más explícitamente: el viejo y tosco romance castellano ha nacido del latín; el español ha nacido del castellano, y se ha constituido ¨de cien años a esta parte¨; bueno que el español sea hijo del castellano, pero el padre, tras de dotarlo, ha quedado más pobre que su opulento hijo y casi vive de él. (81)

El idioma de la gran literatura nacional es a su vez nacional, español, no sólo como instrumento general de comunicación, sino por obra común de cultura (82).
Correas se adhiere a las ideas de los anteriores, pero su argumento es mucho más templado. Defiende a capa y espada la diversidad dentro de una misma lengua. Las ideas de la diversidad del lenguaje dentro de una misma lengua, que tienen un aire tan moderno y que serian suscrita sin reserva alguna por un Charles Bally, no son de Correas, sino del cordobés Bernardo de Aldrete (83).

Ni la resistencia de Correas a los modos cortesanos, ni su apropiación de las ideas de Aldrete sobre la diversidad de lenguajes regionales, sociales, profesionales e individuales, dentro de la lengua general, ni sus gustos arcaizantes determinan que nombre ha de preferir para la lengua (85). Según Correas, ¨Lengua se llama la habla y lenguaje de cualquier nación. La nuestra se llama Castellana, porque se habla y es propia en Castilla, nación principal de España, la mayor y más mediterránea, y de ella se extiende a las otras provincias, hasta a las que tienen diferentes dialectos.¨ Reaparece aquí más explícitamente, la idea de abolengo y de un solar propio del idioma, que asomaba en el anónimo de Lovaina de 1555, y que será uno de los motivos decisivos para que en el siglo XVIII vuelva a preferirse el nombre de lengua castellana; y justificar el otro nombre, más ambicioso, de española. Para Correas el hecho de que el castellano se extendió hasta otras provincias con diferentes dialectos, la capacita para ser llamada la lengua española; también subyace la antigua idea nacionalista de asociar cada nación con su lengua, y que veía en el idioma propio la expresión y la cifra de todas las excelencias nacionales (86).

Durante el siglo XVII, aunque nunca se abandona el castellano por completo, español es el de uso más frecuente. Todavía hay algo de aquel sentido animador que hizo brotar el neologismo español, pues si España no aspiraba ya configurar el mundo, defendía todavía su puesto de privilegio en un mundo configurado, y la idea de la España grande resonaba y se espejaba por todas partes. También los escritores en vez de pensar, como Herrera y Fray Luis, que están perfeccionando un idioma tosco, creen que lo tienen ya perfecto, y de esa creencia va a nacer la idea del purismo como programa de conducta…. Español ya va teniendo algo de tradicionalismo y de repetición habitual. Como sucede siempre en la historia espiritual de las expresiones, el sentido vivido actual arraiga y se apoya en el humus y escoria de significaciones muertas (89)

El siglo XVIII el nuevo valor de castellano: La actitud académica
Castellano ya no es ahora mero arcaísmo que perviva por la fuerza de la tradición, sino que se va llenando de nueva significación intencional. La Academia, que se hace llamar Española, publica su primera y más grandiosa obra con el título de Diccionario de la lengua castellana, Madrid 1726-1739, conocido por Diccionario de Autoridades. El discurso proemial sobre el origen de la lengua castellana se dice: ¨La lengua Castellana que por usarse en la mayor y mejor parte de Espana, suelen comúnmente llamar Española los extranjeros…¨ (90). A pesar de ser la lengua general de los españoles, a pesar de verla en perspectiva internacional, y en parangón con las otras, se encuentra ahora mejor llamarla castellana, porque en Castilla se formó y porque en Castilla es donde, por lo general, se habla mejor (90).

Razones eruditas
Se sitúa en Castilla el lugar propio del idioma; ya con eso tienen legitimidad en le lengua los modos de Castilla, mientras que se imitan y reducen a peculiarismos sin validez extra regional los modos de los otros reinos (que lejos queda Herrera y que cerca Valdés) (91).
La instancia historicista, que decide ahora en el ánimo de los entendidos, se expresa más explícitamente en la doctrina ortográfica. Desde Nebrija (y esto no lo contradice Valdés) había sido en España casi un dogma ortográfico el lema ¨escribir como se pronuncia¨ (heredado de Quintiliano), y las numerosas ortografías tratan de ser fonéticas. Pero al instituirse la Real Academia, ha madurado y triunfa con ella un criterio etimologista, esto es, erudito e historicista, antes muy raro. Y entonces, es cuando se generaliza entre nosotros la ortografía que distingue según la etimología latina el uso de la b y de la v, y de la g y de la j, y de la h, y que restablece los grupos consonánticos latinos en palabras como signo, acción y aptitud, rector. La procedencia es razón de legitimidad y, en concordancia, se prefiere llamar castellana la lengua común de los españoles (92).

Purismo y patriotismo
Este movimiento se fragua en Francia, y sus doctrinas pasan a Italia y España junto con un aluvión de galicismos. Y la adopción de los puntos de vista franceses sirve a las otras naciones para defenderse contra la invasión de las palabras extranjeras. El casticismo, aliado del purismo, y casi identificado con él, repele tanto los extranjerismos como los neologismos en nombre de lo originario nacional, de lo largamente tradicional, de lo genial y más especifico de la lengua propia. Uno de los fines de la Real Academia Española es contener los galicismos. En España los ¨casticistas¨ se oponían a los ¨afrancesados¨ (96-97)

Fijar la lengua
Fijar la lengua no es una frase al pasar, pues la idea se introduce en el lema de la Academia: ¨limpia, fija y da esplendor.¨ Y se la fija según el nuevo criterio purista, identificado con el casticista. Los castizo se remonta otra vez a lo castellano. Lo castizo se identifica con lo que es ¨puro castellano¨, por dos razones: una es la ya dicha del origen regional y en esto se opone a la concepción nacional y funcional del idioma, personificada en Herrera; la otra es parcialmente solidaria de la actitud herreriana: la buena lengua de los españoles, moldeada sobre la lengua literaria. Pero las circunstancias han cambiado. El español trasplantado a Andalucía, Extremadura, Murcia, Canarias y América ha adquirido características dialectales. Y ante la fragmentación dialectal se buscaba la unidad. La unidad todavía identificada con la lengua común y nacional y que tiene su más alta expresión en la lengua literaria, pero que ahora necesita contrastarse con el uso de Castilla, en parte por derechos de herencia, pero también porque Castilla se ha mantenido más fiel que las demás regiones al ideal común. Donde mejor se habla el español –se alega- es en Castila. La Academia atenta a limpiar y fijar el idioma, y a consignar sus formas más puras y castizas, se quiso atener al uso castellano del español (98-99). Estas ideas dieciochescas íntimamente ligada al ideal de otras formas de la convivencia, eran principalmente el centralismo unificador, con su corte castellana; el empeño casticista que pone su última instancia en el origen castellano de la lengua y el propósito purista que para detener la corrupción disgregadora, apela a la referencia más precisa y más segura de Castilla; por último la índole erudita, racionalista e historicista de aquel siglo, que se satisfacía más, por estos motivos, llamando a nuestro idioma castellano (100).

Castellano, el español de Castilla
La posición de Mayans es clara, razonable y muy de gente moderna: se refiere a la lengua oral como instrumento de intercomunicación. Español es el idioma no sólo estadísticamente más usado por los españoles, sino el campo común en que se encuentran para entenderse los regionales de distintos idiomas. La aceptación del castellano por todos los españoles como instrumento supraregional de comunicación, es lo que le da categoría de español. (102). En el pensamiento de Mayans se ha borrado aquel impulso imperialista y aun aquella perspectiva internacional que doscientos años antes dio tanta circulación al neologismo español; también se ha borrado hasta la sombra del recelo anticastellano que desde mediados del siglo XVI, fue otro de los factores favorables al uso del neologismo. Lejos de verse los dos nombres en oposición, se contemplan en superpuesta jerarquía: el castellano asciende a español sin dejar de ser castellano.

Para la Academia contemporánea de Mayans, el nombre de castellano lleva dentro de sí el de español (español de Castilla), la opuesta conducta de la Academia con su castellano y Mayans con su español no supone otra oposición en el conocimiento de los hechos, sino una diferente estimación de ellos una diversa preponderancia del interés. Mayans, queriendo que el nombre aluda explícitamente a la Koiné, a la adopción de un idioma general por todos los españoles, lo llama español; la Academia, en cambio, lo llama castellano, queriendo que el nombre aluda explícitamente al abolengo, y, sobre todo, a la necesidad de centralización para obtener la unidad (103-4)

Celos regionalistas
Menéndez Pidal prefiere llamar nuestro idioma español pues todas las regiones colaboraron en la perfección de la lengua literaria. El castellano lo reserva para el poema de Mío Cid compuesto cuando la nación no se había unificado. Castellano suena geográficamente restringido, y está bien para designar los particularismos de Castilla. Poco tiempo después, la Academia, cambia de conducta y la Gramática (1924) y el Diccionario (1925) ya se titulan ¨de la lengua española¨ (109-10). Al igual que en el siglo XVI el celoso amor regional se sintió herido por el nombre de castellano, ahora se siente herido por el de español. Ante la adopción de español por la Academia hubo protestas varias procedentes de las regiones bilingües, protestas que de cuando en cuando se repiten todavía (110).

Denominar español al idioma en que se entienden los españoles de todas las regiones es una designación lingüística; denominar al vasco, el catalán y el gallego como idiomas españoles es una designación geográfico-política (111). Así como en el siglo XVI el neologismo español triunfo porque se vio el idioma referido a una esfera de objetos constituida por los idiomas nacionales, así los bilingües de hoy vuelven a castellano en cuanto se refieren a una esfera de objetos constituida por lenguas peninsulares. Ni aquella referencia obedecía ni esta obedece a razones dialécticas, sino a afectos, impulso, fantasías, anhelos (112).

En América: Preferencia por castellano
En América tanto en el campo como en la ciudad se prefiere castellano a español. Algo debe contar en esto lo reciente de la vida verdaderamente urbana de América, cuyas grandes ciudades –salvo muy pocas- eran en 1800 pequeños poblados de vida semirrural: el arcaísmo ¨castellano¨ sostenido por la fuerza de la tradición. Los conquistadores y los colonizadores hablan de Castilla y del Rey de Castilla más que de Espana, como se ve en las crónicas. Aunque también existen los motivos que se relacionan con la vida espiritual de los americanos que los llevan a sentir predilección por castellano (113-14).

Gramática y maestro
Los más ilustre gramáticos y filólogos americanos, aunque sin polemizar, de hecho, han preferido decir castellano, porque su posición ante la lengua es muy análoga a la que tuvo la Academia en el siglo XVIII (114-15). La idea de lo propio e impropio en nuestra lengua, el anhelo de unidad lingüística, la identificación del solar originario de la región actual que más fiel se mantiene a las leyes del idioma, la atención a regiones que hacen buen uso y a regiones que hacen mal uso del, y a la desigual aproximación de la lengua oral a la literaria en las distintas zonas hispánicas, en suma, las ideas dominantes de propiedad y casticismo, defensa contra la amenaza de fraccionamiento y contra la merma de calidad en la lengua son los impulsos primordiales que se manifiestan en la preferencia de estos espíritus selectos por el nombre de castellano. Una actitud académica en la mejor acepción cultural de este término, con sentido constructivo y no como timorata desecación (115).

El patriotismo argentino lleva a hablar de un ¨idioma nacional¨ que se creía distinto al de España. Sin embargo, no funciona. Idioma nacional alterna con idioma argentino. Esto lleva a que en 1891 el Ministro de Instrucción dirija un circular a los rectores de los Colegios Nacionales sobre el nuevo plan de enseñanza, y aboga por la buena lengua: ¨Renunciemos a vanagloriarnos con nuestras incorrecciones; como lo repite expresamente el plan de estudios, no hay mas idioma nacional que el castellano¨ (118). Según Alonso, el que castellano sea el nombre que se elige se esconde un desdén hacia España la que se consideraba una nación extranjera (120).

Abril 8, 2007

"Mis enlutadas" por Manuel Gutiérrez Nájera

Descienden taciturnas las tristezas
al fondo de mi alma,
y entumecidas, haraposas, brujas,
con uñas negras
mi vida escarban.

De sangre es el color de sus pupilas,
de nieve son las lágrimas,
hondo pavor me infunden…, yo las amo
por ser las solas que me acompañan.

Aguárdolas ansioso, si el trabajo
de ellas me separa,
y búscolas en medio del bullicio,
y son constantes
y nunca tardan.

En las fiestas, a ratos se me pierden
o se ponen la máscara,
pero luego las hallo, y así dicen:
-¡Ven con nosotras!
Vamos a casa.
Suelen dejarme cuando, sonriendo,


mis pobres esperanzas
como enfermitas ya convalecientes
salen alegres
a la ventana.

Corridas huyen, pero vuelven luego
y por la puerta falsa
entran trayendo como nuevo huésped
alguna triste,
lívida hermana.

Abrese a recibirlas la infinita
tiniebla de mi alma,
y van prendiendo en ella mis recuerdos
cual tristes cirios
de cera pálida.

Entre esas luces, rígido tendido,
mi espíritu descansa;
y las tristezas, revolando en torno,
lentas salmodian,
rezan y cantan.

Escudriñando el húmedo aposento
rincones y covachas,
el escondrijo do guardé cuitado
todas mis culpas,
todas mis faltas,
y hurgando mudas, como hambrientas lobas,
las encuentran, las sacan,
y volviendo a mi lecho mortuorio
me las enseñan
y dicen: Habla.


En lo profundo de mi ser bucean,
pescadores de lágrimas,
y vuelven mudas con las negras conchas
en donde brillan
gotas heladas.

A veces me revuelvo contra ellas
y las muerdo con rabia,
como la niña desvalida y mártir
muerde a la arpía
que la maltrata.

Pero en seguida, viéndose impotente,
mi cólera se aplaca.
¿Qué culpa tienen, pobres hijas mías,
si yo las hice
con sangre y alma?

Venid, tristezas de pupila turbia,
venid, mis enlutadas,
las que viajáis por la infinita sombra
donde está todo
lo que se ama.

Vosotras no engañáis; venid, tristezas,
oh, mis criaturas blancas
abandonadas por la madre impía,
tan embustera,
por la esperanza!

¡Venid y habladme de las cosas idas,
de las tumbas que callan,
de muertos buenos y de ingratos vivos…
Voy con vosotras,
vamos a casa.

Imagen: “White Orchid”, tomada de deviantART

 

Marzo 21, 2007

Mi nuevo amor es acordeonista

Suelo establecer relaciones muy profundas y duraderas con los autores que me cautivan. No me resulta difícil adivinar cuando se ha dado el flechazo. Los primeros síntomas del enamoramiento son mis impulsos de soltar todo lo que tengo que hacer para volcarme de lleno a la lectura, luego siguen sonrisas cómplices, y un intenso deseo de perderme en el mundo que se abre ante mis ojos.

Mi nuevo amor se llama Bernardo Atxaga. No disponemos de mucho tiempo, así es que nos encontramos en el tren, o en los escasos momentos robados del quehacer diario. Nuestra relación -aunque reciente- marcha muy bien. Nos conocimos hace unos años cuando por casualidad, descubrí su versión del cuento “El criado del rico mercader,” procedente de Las mil y una noches. Aunque me gustó su ingeniosa versión, debo admitir que la original es muchísimo mejor -tal vez sea uno de los mejores cuentos de todos los tiempos, o por lo menos así lo considero yo.

Hace unos días empecé a leer El hijo del acordeonista, el cual me ha resultado adictivo, y como todo adicto, estoy sufriendo la falta de mi cura. Es que no he podido leer casi nada debido a una clase de lingüística histórica que estoy cogiendo y el ritmo de trabajo que llevo. ¡Cómo me gustaría poder dedicarme a leer por puro placer! Es que el trabajo, los estudios y las obligaciones no me dejan tiempo para leer. ¡Qué bien lo dijo Erasmo, “So much to read soooooooooo little time.” Aunque yo también añadiría so much to blog so little time.

Enero 15, 2007

Let’s Remember THE DREAM

I HAVE A DREAM” (1963)

I am happy to join with you today in what will go down in history as the greatest demonstration for freedom in the history of our nation.

Five score years ago, a great American, in whose symbolic shadow we stand today, signed the Emancipation Proclamation. This momentous decree came as a great beacon light of hope to millions of Negro slaves who had been seared in the flames of withering injustice. It came as a joyous daybreak to end the long night of their captivity.

But 100 years later, the Negro still is not free. One hundred years later, the life of the Negro is still sadly crippled by the manacles of segregation and the chains of discrimination. One hundred years later, the Negro lives on a lonely island of poverty in the midst of a vast ocean of material prosperity. One hundred years later, the Negro is still languished in the corners of American society and finds himself an exile in his own land. And so we’ve come here today to dramatize a shameful condition.

In a sense we’ve come to our nation’s capital to cash a check. When the architects of our republic wrote the magnificent words of the Constitution and the Declaration of Independence, they were signing a promissory note to which every American was to fall heir. This note was a promise that all men – yes, black men as well as white men – would be guaranteed the unalienable rights of life, liberty, and the pursuit of happiness.

It is obvious today that America has defaulted on this promissory note insofar as her citizens of color are concerned. Instead of honoring this sacred obligation, America has given the Negro people a bad check, a check that has come back marked “insufficient funds.”

But we refuse to believe that the bank of justice is bankrupt. We refuse to believe that there are insufficient funds in the great vaults of opportunity of this nation. And so we’ve come to cash this check, a check that will give us upon demand the riches of freedom and security of justice. We have also come to his hallowed spot to remind America of the fierce urgency of now. This is no time to engage in the luxury of cooling off or to take the tranquilizing drug of gradualism. Now is the time to make real the promises of democracy. Now is the time to rise from the dark and desolate valley of segregation to the sunlit path of racial justice. Now is the time to lift our nation from the quicksands of racial injustice to the solid rock of brotherhood. Now is the time to make justice a reality for all of God’s children.

It would be fatal for the nation to overlook the urgency of the moment. This sweltering summer of the Negro’s legitimate discontent will not pass until there is an invigorating autumn of freedom and equality. Nineteen sixty-three is not an end but a beginning. Those who hoped that the Negro needed to blow off steam and will now be content will have a rude awakening if the nation returns to business as usual. There will be neither rest nor tranquility in America until the Negro is granted his citizenship rights. The whirlwinds of revolt will continue to shake the foundations of our nation until the bright day of justice emerges.

But there is something that I must say to my people who stand on the warm threshold which leads into the palace of justice. In the process of gaining our rightful place we must not be guilty of wrongful deeds. Let us not seek to satisfy our thirst for freedom by drinking from the cup of bitterness and hatred. We must forever conduct our struggle on the high plane of dignity and discipline. We must not allow our creative protest to degenerate into physical violence. Again and again we must rise to the majestic heights of meeting physical force with soul force. The marvelous new militancy which has engulfed the Negro community must not lead us to a distrust of all white people, for many of our white brothers, as evidenced by their presence here today, have come to realize that their destiny is tied up with our destiny. And they have come to realize that their freedom is inextricably bound to our freedom. We cannot walk alone.

And as we walk, we must make the pledge that we shall always march ahead. We cannot turn back. There are those who are asking the devotees of civil rights, “When will you be satisfied?” We can never be satisfied as long as the Negro is the victim of the unspeakable horrors of police brutality. We can never be satisfied as long as our bodies, heavy with the fatigue of travel, cannot gain lodging in the motels of the highways and the hotels of the cities. We cannot be satisfied as long as the Negro’s basic mobility is from a smaller ghetto to a larger one. We can never be satisfied as long as our children are stripped of their selfhood and robbed of their dignity by signs stating “for whites only.” We cannot be satisfied as long as a Negro in Mississippi cannot vote and a Negro in New York believes he has nothing for which to vote. No, no we are not satisfied and we will not be satisfied until justice rolls down like waters and righteousness like a mighty stream.

I am not unmindful that some of you have come here out of great trials and tribulations. Some of you have come fresh from narrow jail cells. Some of you have come from areas where your quest for freedom left you battered by storms of persecution and staggered by the winds of police brutality. You have been the veterans of creative suffering. Continue to work with the faith that unearned suffering is redemptive.

Go back to Mississippi, go back to Alabama, go back to South Carolina, go back to Georgia, go back to Louisiana, go back to the slums and ghettos of our northern cities, knowing that somehow this situation can and will be changed.

Let us not wallow in the valley of despair. I say to you today my friends – so even though we face the difficulties of today and tomorrow, I still have a dream. It is a dream deeply rooted in the American dream.

I have a dream that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: “We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal.”

I have a dream that one day on the red hills of Georgia the sons of former slaves and the sons of former slave owners will be able to sit down together at the table of brotherhood.

I have a dream that one day even the state of Mississippi, a state sweltering with the heat of injustice, sweltering with the heat of oppression, will be transformed into an oasis of freedom and justice.

I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.

I have a dream today.

I have a dream that one day down in Alabama, with its vicious racists, with its governor having his lips dripping with the words of interposition and nullification – one day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers.

I have a dream today.

I have a dream that one day every valley shall be exalted, and every hill and mountain shall be made low, the rough places will be made plain, and the crooked places will be made straight, and the glory of the Lord shall be revealed and all flesh shall see it together.

This is our hope. This is the faith that I go back to the South with. With this faith we will be able to hew out of the mountain of despair a stone of hope. With this faith we will be able to transform the jangling discords of our nation into a beautiful symphony of brotherhood. With this faith we will be able to work together, to pray together, to struggle together, to go to jail together, to stand up for freedom together, knowing that we will be free one day.

This will be the day, this will be the day when all of God’s children will be able to sing with new meaning “My country ’tis of thee, sweet land of liberty, of thee I sing. Land where my father’s died, land of the Pilgrim’s pride, from every mountainside, let freedom ring!”

And if America is to be a great nation, this must become true. And so let freedom ring from the prodigious hilltops of New Hampshire. Let freedom ring from the mighty mountains of New York. Let freedom ring from the heightening Alleghenies of Pennsylvania.

Let freedom ring from the snow-capped Rockies of Colorado. Let freedom ring from the curvaceous slopes of California.

But not only that; let freedom ring from Stone Mountain of Georgia.

Let freedom ring from Lookout Mountain of Tennessee.

Let freedom ring from every hill and molehill of Mississippi – from every mountainside.

Let freedom ring. And when this happens, and when we allow freedom ring – when we let it ring from every village and every hamlet, from every state and every city, we will be able to speed up that day when all of God’s children – black men and white men, Jews and Gentiles, Protestants and Catholics – will be able to join hands and sing in the words of the old Negro spiritual: “Free at last! Free at last! Thank God Almighty, we are free at last!”


Distribution statement: Accepted as part of the Douglass Archives of American Public Address (http://douglass.speech.nwu.edu) on May 26, 1999. Prepared by D. Oetting (http://nonce.com/oetting).

Permission is hereby granted to download, reprint, and/or otherwise redistribute this file, provided this distribution statement is included and appropriate point of origin credit is given to the preparer and Douglass.

Martin Luther King with school children, 1966. Image downloaded from ARTstor Digital Library, 1/6/2006.

Octubre 8, 2006

Note to self


You must not loose faith in humanity. Humanity is an ocean; if a few drops of the ocean are dirty, the ocean does not become dirty.”

Mohandas Gandhi

 

Humanity by Liz Woodside

Octubre 3, 2006

El lector ideal


“La literatura vuelca intimidades en unas páginas con la esperanza de que las lea un lector ideal y siempre resulta que quien las lee es el gemelo ideal, o sea un lector de carne y hueso que nunca sabe de qué se le está hablando. Como usted. Sí, usted que me está leyendo ahora mismo. ¿O me equivoco… , y usted es, por fin ¡por fin!, el lector ideal?”

Enrique Anderson Imbert

“The Reader” by Jean-Honoré